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Llegué aquí una fría madrugada de diciembre. Los primeros libros que llegaron a mis manos me mostraron la magia de la imaginación y la belleza de las palabras. Más tarde, despertaron en mí la necesidad de plasmar éstas en nuevos relatos. La música me enseñó otra forma de ver la vida y, aunque no sé cantar, disfruto mis ratos libres escuchándola. Estas tres pasiones y disfrutar con la gente que me quiere son los pequeños placeres de mi vida. Me gusta fijarme en los pequeños detalles, ya que son los que le dan un toque personal a las cosas, e intento introducirlos en todo lo que hago, incluidos los relatos. Me gusta andar aunque no sepa a dónde voy o vaya sin rumbo fijo, creo que perderse es una buena forma de conocer otros lugares. Disfruto nadando, aunque no tenga el suficiente tiempo para ello, ni la playa muy cerca. Me considero una persona sencilla, no necesito gran cosa para ser feliz. Me gusta hacer las cosas de manera original, pero no destacar. Y estoy aquí porque necesito sacar las pequeñas ideas que pasan por mi cabeza.

sábado, 26 de enero de 2019

Pequeña ramita

Tú, pequeña plumita que vuelas en solitario. Te miras al espejo y crees ver allí todo un pavo irlandés. Tu cuerpo es como una pequeña ramita mecida por el viento, caída de un árbol. Sin embargo, tú lo ves como un tronco muy ancho, y te empeñas en no alimentarlo. Pequeña ramita, si supieras que el viento te puede lanzar muy lejos y nunca traerte de vuelta, si vieras cómo te hacen falta las hojitas que has ido perdiendo y que ya no hacen visible tu arbolito. Tu crees que tus hojitas te hacen parecer un tronco demasiado grueso y ancho, y te empeñas en tallarlo como una pieza de juguete. Quieres tener el contorno de una varita mágica pensando que así te verás más bonita, y no es así ramita. Naciste para ser tronco y como tronco has de caer. No debes quedarte en rama ni desechar tus hojitas, porque forman parte de ti, aunque no lo veas ramita, no te hacen menos bonita.

Eres un árbol como todos los demás, no menos válida, y no te sobran los anillos en tu interior. Es tontería dejar tanta agua y sales minerales que tan bien te hacen, por perder unos centímetros de tu contorno. No hagas eso ramita, cambia de espejo, alarga tus raíces, llena tu tronco de nutrientes, y sobre todo de amor que tan bien te hace. Puedes hacerlo ramita, puedes volver a ser un tronco. Un tronco bonito y hermoso. Los anillos de tu tronco eran bonitos, y nunca debieron desaparecer, aún estás a tiempo de recuperarlos. Solo debes deshacerte de la lámina metálica que te confunde con sus números. Tu crees que a menor número más bonita y mejor te ves, y no es así ramita. Cuanto menos marque la lámina más lejos estarás de ser el árbol que fuiste y que debes volver a ser.

Vuelve a ser tronco ramita, alarga tus raíces, rebózalas en la tierra hasta humedecerlas en el subsuelo. Busca los minerales y el agua que tanto te faltan y tómalos en grandes cantidades para volver a ser el hermoso árbol que un día fuiste. Debes volver a ser el tronco fuerte que resistió frente a viento y tormenta. No dejes que las revistas y programas de televisión te confundan. Ser ramita no te hace ser más atractiva, ni aceptada por la sociedad. No te obsesiones con tu imagen y peso, no le declares la guerra a la comida. Ella no es tu enemiga, al contrario, es lo que hace que sigas aquí con nosotros. No la destierres ramita, la necesitas para volver a ser lo que eras.

Lo que ves en el espejo no se corresponde con la realidad. Necesitas alimentarte, fortalecer tu árbol. Coger energía para vivir. Solo así recuperarás tus hojitas, y créeme cuando te digo que te sentirás mejor. Tu percepción de la belleza y de tu propio cuerpo está distorsionada y debes enderezarla. No hagas caso a la lámina metálica que se ha metido en tu cabeza y te ha hecho creer que solo su juicio es válido. Debes escuchar al bosque al que perteneces. Todos coincidimos en que debes volver a ser el árbol que eras, recuperar tu hermoso tronco.

No debes ser la pequeña plumita que vuela en solitario. Piensa que hay árboles y pajaritos a tu alrededor que te queremos y deseamos que vuelvas a ser el hermoso árbol que eras, y ver por fin cómo retomas tu vuelo mientras cantas, pajarillo.

viernes, 25 de enero de 2019

Fumar mata, tu amor también

"Fumar mata" ponía en el paquete de tabaco que había junto a la cama, en mi mesita. Lo dejaba allí todas las noches. Sabes que me gustaba fumarme un piti después de acostar a los niños. Aunque recuerdo que eso a ti no te gustaba, ni el piti ni acostarlos. Nunca lo hiciste, ni jugaste con ellos. Decías que los niños eran "cosa de mujeres, no de hombres", y tu nunca fuiste ni una cosa ni la otra.

Decías que pertenecías al segundo grupo. Te considerabas un "macho alfa, unga, unga", y así se lo hacías ver a nuestros pequeños. Te veías e intentabas que ellos te vieran como un modelo al que imitar. Menos mal que eso solo lo veías tu, y no ellos. Nunca siguieron tus pasos, o patadas que es lo que dabas al caminar, yo me encargué de que no lo hicieran difuminando tus huellas. "Fumar mata" me recordabas cada vez que veías el paquete o yo lo cogía. No digo que no sea verdad, pero creo que el paquete y su pequeño mensaje te hicieron un favor. El paquete fue la excusa que pusiste para no reconocer que tu hacías lo mismo conmigo.

Tu "amor" por mí era igual o peor que el tabaco, y eso no me lo decías. Como el tabaco, era algo adictivo y tóxico. Tenía una apariencia atractiva y fumarlo te hacía sentir bien, o eso creías al consumirlo, pero al llegar a tus pulmones empezaba a verter mierda y a podrirlos de la peor manera posible. De la única manera en la que puedes destruir algo por completo: desde dentro.

El tabaco y tu tuvisteis una misma acción sobre mí. La diferencia entre ambos fue que él portaba un letrero vaticinando un posible y fatídico desenlace si lo consumía, y tu no. Tu me alertabas sobre él omitiendo que escondías la misma realidad bajo tu piel. Fumar mata, tu amor también, y esto último no me lo advertiste. Tuve que descubrirlo yo sola, y casi me cuesta la vida.

Me jodí los pulmones ¿sabes? Me jodí los pulmones con el puñetero tabaco, y me acordé de ti el día que la médica me indicó que tenía que dejarlo. Sus palabras fueron: "si no dejas el tabaco, pronto tendrás cáncer de pulmón", y mi pensamiento fue "me cago en ti", y con "ti" no me refería a la médica, me refería al "macho alfa, unga, unga".

Cuando llegué a casa te estabas duchando y nuestros pequeños estaban solos en el comedor. Me acerqué a ellos y volví a ver la cajetilla en la mesa, abierta. Le faltaban tres cigarros y aún quedaba humo en el comedor. Pronto comprendí que te habías fumado otro piti con nuestros hijos a tu alrededor, y no habías abierto las ventanas.

Nuestros hijos, mis hijos, estaban respirando el humo. Un humo tóxico como tú y tu amor. Corrí las cortinas, levanté las persianas y abrí las ventanas para que se fuera. El humo de tus cigarros estaba vertiendo mierda, y mis hijos la estaban recibiendo e inhalando, y fue en ese momento cuando me di cuenta de que no erais atractivos sino adictivos.

El tabaco y tu no erais atractivos, porque ninguno de los dos me aportabais nada bueno. Él me mataba por dentro, y tú me matabas por fuera, aunque solo él era sincero conmigo. Cada cajetilla que me fumé contuvo un letrero y una foto en su exterior indicando que podía matarme. Un simple letrero. Dos palabras. FUMAR MATA. Tu, sin embargo, me dijiste muchas. Tuvimos miles de conversaciones y discusiones, y en ninguna fuiste tan directo y sincero como la cajetilla.

Fumar mata, tu amor también, y eso no me lo advertiste. Por eso, tanto tú como la cajetilla, habéis acabado fuera de mi casa. Y me gustaría decir que de mi vida también, pero en tu caso no puedo, porque siempre nos unirán los niños. Y solo los niños. Ahora los acuesto, los beso, y cambio la hora del piti por la del cuento de buenas noches.

martes, 18 de diciembre de 2018

Mi torre ♖

Llevo cinco años encerrada en esta torre. Mi torre. Vine aquí porque me gustaba la soledad, porque no tenía ganas de aguantar los sermones de mis padres, las quejas de mis profesores. No quería que mi hermano me dijera con quién andar o con quién no, no quería que mi hermana me cogiera la ropa, que mi perro me ladrara todo el rato y no me dejaran tranquila.

No me gusta mucho la compañía, a veces prefiero la soledad. Y ahora, que por fin había conseguido que mi viejo televisor Bluesky de catorce pulgadas (con TDT a parte) alcanzara la señal del bendito Netflix, llega él y dice que viene "a liberarme". ¿Liberarme de qué listo, si me has pillado en plena siesta y me has despertado con tus voces? ¿Liberarme de qué? Si yo estaba muy agusto en mi sofá con mi manta tan feliz viendo Gossip Girl. Si quieres puedes sentarte a verlo conmigo, pero no te voy a dar un trozo de manta, tenlo claro.

Y además no me ha traído comida, solo lleva encima una espada. Que dime tu para qué le sirve, si mi dragón está amaestrado y me hace caso en todo lo que le digo. Además, yo tengo una habitación en el ala este del castillo llena de espadas. De hecho las mías molan más que la suya porque lleva una espada corta del siglo XV que... Seguro que está oxidada y todo. Si no se pasa de listo le enseño mi colección. Tengo: una espada Gladius, una espada romana con canal y otra sin canal, una espada tizona del Cid y otra colada, una medieval, otra de Alfonso X, otra Hernán Cortés, una Francisco Pizarro de hierro y una García Paredes. En serio, las mías son más chulas. ¡Ah! Y ha llegado diciendo que es un príncipe, "mi príncipe azul" creo recordar que ha dicho. Creo que se ha equivocado o le han dado mal la dirección porque yo no he pedido ningún príncipe. De hecho lo último que pedí por amazon fue un altavoz portátil JBL Go en verde teal, y aún no me ha llegado. Cuando me llegue os mando foto, ya lo veréis, os va a encantar, es una monada. Y además lo he encontrado por 21,70, es más barato que el príncipe seguro porque éste tiene pinta de comer bien, y yo no voy a hacerle la cena a nadie. Bueno, volviendo al tema, que si no lleva mi altavoz encima se puede ir yendo por donde ha venido.

Me ha dicho que quiere que nos vayamos juntos, que me va a rescatar, o algo así. No sé, es que es un tío un poco raro. Para empezar lleva unas mallas, con unas botas altas que ya no se llevan, podría ponerse unas zapatillas o unos botines, no sé, algo más actual. Se ha puesto unos pantalones azul oscuros ¿ves? Eso está bien, podría haberse puesto unos vaqueros, pero no están mal. Y encima lleva un chaleco fucsia y una camisa azul oscura, pero ¿dónde va con ese chaleco, si los chalecos ya no se llevan? Es un poco hortera, pero bueno, acabo de conocerlo no se lo voy a decir en la primera ¿"cita"? Ja,ja,ja. ¿Os imagináis?¿Éste y yo juntos? Pobrecillo si esto no es ni siquiera algo romántico. Al revés, es allanamiento de morada. Irrumpir así en mis dominios sin avisar y sin tocar el timbre, desde luego, para ser príncipe tiene muy poca educación. Ahora esta mirando el reloj, si hijo sí son las ocho, no lo mires más que lo desgastas. Las ocho, sí.

"¡Mierda, las ocho!" pienso, y creo que lo he dicho en voz alta porque me esta mirando raro. Sí hijo sí, las princesas también decimos tacos. Me acabo de acordar de que hoy tengo cenita romántica con mi chica y me tengo que arreglar. Es que ella está estudiando química muy lejos de aquí, y me acabo de acordar de que volvía hoy. A ver, que yo prefiero la soledad, por eso decidimos tener una relación a distancia, pero también me gusta estar con ella. Jolín, el tío este me ha entretenido demasiado, y ahora tengo que correr. Bueno primero voy a ver si echo al "príncipe azul". Está peleón hoy, en fin le diré que estoy con la regla, ya veréis como se va. Efectivamente, asunto arreglado. Y ahora, a por mi princesa.

martes, 27 de noviembre de 2018

Sin permiso

Sonaba 'One Kiss' de Dua Lipa en la discoteca, y los tacones ya se hacían de notar tras un buen rato bailando. Sus pies les pedían descanso y sus cuerpos, un buen colchón sobre el que reposar, así que decidieron irse.
- Nos vamos ya.- Dijo Anaís.
- ¿Seguro?¿Tan pronto?
- Tan pronto dice. Jóse son las tres de la mañana.
- Pero mañana es domingo.
- No. Nos vamos.
- ¿Vais bien?- Preguntó Toni queriendo saber si iban borrachas.
- Van mejor que tú.- Le respondió Elena riendo.
- Toni si no hemos bebido nada en toda la noche. - Respondió Emma poniéndose el abrigo. Era negro y tan largo que apenas dejaba ver el pantalón de la rodilla hacia abajo y las botas.
- ¿Estás ya, Em?- Le preguntó Anaís. Llevaba un pantalón largo negro, un abrigo marrón encima y una bufanda.
- Sí. Nos vamos chicos.
- Pasarlo bien.- Les deseó Anaís.
- Llamad cuando lleguéis.- Les pidió Toni.

Emma y Anaís salieron juntas hacia la parada de taxis. Por el camino se les acercó un coche con tres chicos dentro. Llegó a su altura y el copiloto bajó la ventanilla.
- Hola bonitas ¿os llevamos a algún sitio?
Emma y Anaís no dijeron nada y siguieron andando. Llegaron hasta la parada pero no había ningún taxi. Tenían que esperar pero no querían, tenían miedo.
- Venga guapas, vamos a dar una vuelta.- Les dijo el copiloto.
Emma se quedó parada, no sabía qué hacer.
- No te pares Em, volvamos dentro.- Le pidió Anaís cogiéndola de la mano.
El copiloto vio a Emma paralizada y le dijo a Anaís:
- Tu amiga quiere quedarse a jugar, ¿por qué no te quedas tú también?
- Emma vamos.- Le pidió intentando que andara.
Emma estaba paralizada y asustada. No sabía reaccionar. Tenía mucho miedo. Anaís intentaba tirar de ella pero era en vano. El copiloto y el chico de detrás aprovecharon ese momento para bajar del coche.
- ¡Vamos joder!- Le gritó Anaís a Emma poniéndose un poco nerviosa. Sacó su teléfono y marcó el número de la policía.
- ¿Qué haces con eso?- Le preguntó el copiloto intentando quitarle el teléfono.
- Deja que te ayude con ella.- Le dijo el otro chico intentando coger a Emma.
Anaís agarró fuerte a Emma y se le cayó el teléfono. El segundo chico recogió el teléfono del suelo y vio que, aunque el número estaba marcado, no había llamado todavía. Así que le dio a colgar, apagó el teléfono y se lo guardó.
- Lo estás deseando.- Le dijo.
- ¡No!
- Claro que sí.
- Emma muévete por favor. - Le pidió a su amiga intentando volver a la discoteca.
- No quiere irse a ningún sitio, quiere quedarse con nosotros, y tu deberías hacer lo mismo.- Insistió el copiloto cogiéndola por el brazo.
- ¡No me toques!¡Suéltanos!
Entre el copiloto y el segundo chico lograron separarlas. El copiloto le apretó el culo a Anaís con una mano y con la otra le apretó el pecho. Empezó a darle besos y no pudo escapar. El segundo chico metió a Emma en el coche.
- ¡Emma! - Le gritó Anaís.
- Tu amiga está bien. - Le dijo el copiloto aplastándole los pechos con el brazo izquierdo. Le tocó el culo y las caderas con la otra mano.- Quítate esto anda.- Le dijo quitándole el chaquetón.
- ¡No, no me toques! - Le gritó Anaís intentando quitárselo de encima, pero no pudo. Él era demasiado fuerte.

El conductor y el segundo chico violaron a Emma en la parte posterior del coche. Anaís lo vio. Mientras uno la violaba y la manoseaba, el otro le agarraba las muñecas y la besaba. Anaís le gritó, la llamó por su nombre, gritó más fuerte pidiendo auxilio. Pero Emma no podía ni pestañear, estaba en shock y no la oyó, y el resto del mundo, tampoco. El copiloto aprovechó esos segundos para terminar de quitarle el chaquetón y desabrocharle el sujetador. La empujó y la metió en el asiento delantero del coche.
- Ven aquí, puta.- Le dijo a Anaís, mientras cerraba la puerta tras de sí.
- ¡Déjame!- Le exigió intentando abrir la puerta. Pero no pudo porque el seguro estaba echado y no sabía cómo quitarlo. Intentó pasar a la parte de atrás para ayudar a su amiga, pero el copiloto no la dejó.
Se sentó encima de ella para que no se moviera y le acarició la cara y el pelo. Bajó la mano y le quitó el jersey mientras ella le arañaba y le pedía que no lo hiciera. Anaís bajó la ventanilla del coche y empezó a gritar y a pedir ayuda. Pero no la escucharon. El copiloto la violó mientras ella gritaba y pedía auxilio.
Al terminar cambiaron el coche de sitio, y las abandonaron a la salida del pueblo, desnudas y con algunos golpes. Se quedaron allí, solas. Emma seguía en shock y no se podía mover, estaba tumbada en el suelo. Y Anaís sentía asco e impotencia pero tampoco quería moverse.

La policía las encontró al día siguiente, al pasar con un coche patrulla.
- Hola señoritas, ¿se encuentran bien?- Les preguntó un policía.
- No.- Le respondió Anaís agotada y con ganas de llorar.
La policía las subió al coche y las llevó al hospital. Anaís le contó lo que había pasado, y en el mismo hospital pusieron la denuncia.

Unos días después los reconocieron. Los tres fueron juzgados. El copiloto fue condenado por violación, pero los otros dos solo cumplieron condena por abusos sexuales sin violencia, ya que Emma había entrado en shock y no había reaccionado contra ellos.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Valientes

"Vencí al delirio por la escuadra y sin grandeza"                                                         Inventas, Vanesa Martín 2018


"Vencer" significa hacer algo grande, heroico. Significa superar un obstáculo, salir airoso de una batalla. Cuando hablamos de una vencedora o un vencedor damos por hecho que es una persona valiente, que se enfrentaría a cualquier cosa, una persona que destaca por encima de los demás. Pensamos en los cuentos y películas en las que el héroe o la heroína se enfrenta a grandes problemas y salva a la humanidad o a sí mismo/a. También pensamos que es una persona con suerte o que lo ha conseguido todo en poco tiempo, alguien que nació con una virtud o talento especial que ha ido desarrollando poco a poco hasta llegar a lo que es hoy. Y ¿sabéis qué? En la vida real esto no es exactamente así. Claro que hay héroes y heroínas pero su fortaleza no se ve en el tamaño de sus músculos, se ve en la manera que tienen de enfrentarse a las cosas, la  forma de actuar en determinadas ocasiones, los pensamientos que rigen sus actos, los valores en los que creen, inculcan y transmiten. Así consiguen "vencer al delirio", a las tentaciones para hacer lo incorrecto. Así consiguen rechazar el camino fácil y coger el que conlleva sacrificios.

Los valientes son los que se enfrentan a pequeñas (o grandes en algunos casos) pruebas y no se rinden a la primera, los que batallan y luchan por sus sueños. El valiente no es solo el que empuña una espada, también es el que lucha contra una enfermedad y aún así sonríe cada mañana cuando sale a la calle, es el que se va a la otra punta del mundo a trabajar o estudiar aunque tenga que renunciar a estar cerca de los suyos, es el profesor que tiene un alumno con problemas y se para a ayudarlo, aunque su trabajo no se lo exija, es el médico que hace una operación a vida o muerte y aguanta más de 48 horas despierto por salvar la vida de su paciente, es el padre o la madre que acepta dos trabajos para mantener a su familia,...Valiente es el que se arriesga sin tener la certeza de que va a ganar, puede ser el que empieza un tratamiento para salir de una adicción y el que se va a ayudar a los más desfavorecidos a una zona subdesarrollada que no conoce.

Los valientes, además de tener fortaleza, son constantes y centrados. Las personas valientes lo son porque hacen pequeñas cosas y para llevarlas a cabo han de ser constantes, luchadoras y estar centradas, tener claro cuál o cuáles son sus objetivos y cómo conseguirlos. Una persona valiente es una persona que no se rinde, que pelea por sus ideales y metas hasta alcanzarlas, sin caer en las tentaciones del "delirio", como coger el camino fácil. Son personas que superan las adversidades, que aunque sean valientes no se crecen frente a ninguna persona, no se creen mejor que nadie. Son personas que no caen en la codicia, que por muchas pruebas que superen no se creen superiores a nadie ni son prepotentes. Vencen al delirio, a la codicia, esto no significa que no aspiren ni deseen algo material sino que renuncian a la envidia, al ataque a otros, renuncian a mirar de reojo a la gente con más suerte, fortuna, posibles, oportunidades,... Y superan las pruebas que la vida les pone. Los problemas a los que a menudo nos enfrentamos son pruebas que nos pone la vida para enseñarnos y hacernos más fuertes, pruebas que, una vez superadas, nos hacen ver las cosas de otra manera.

Los valientes son los que se enfrentan a las cosas, sin embargo, a veces, hay cosas a las que es mejor no enfrentarse. Las personas valientes son las que luchan cuando tienen posibilidades de ganar, y no cuando saben que se están metiendo en una batalla perdida de antemano. Es importante elegir bien las batallas que vas a luchar, para no intentar defender una causa ya perdida. Y si es así, si sabes que esa batalla ya está perdida, es importante que lo reconozcas, que saques alguna conclusión y/o enseñanza de ello y pases a otra cosa. A veces es necesario "ser cobarde", retirarse a tiempo o salir por la puerta de atrás sin hacer ruido para ganar una batalla.

Tras esta reflexión os voy a dejar el videoclip oficial de Inventas por si queréis escuchar el resto de la canción, en la que la propia autora tiene una conversación consigo misma y todas las mujeres que habitan en ella.



Vanesa Martín

Nació el 14 de noviembre de 1980 en Málaga. Es cantante y compositora pop desde que tenía seis años, cuando su padre le regaló su primera guitarra. Después de graduarse en magisterio y pedagogía se instaló en Madrid, donde dio sus primeros conciertos en el bar "El Taburete". Actualmente ha publicado siete discos y compartido escenario con artistas nacionales e internacionales como: Sergio Dalma, Matías Damásio, Melendi, Mariza, Malú, Annalisa, Alejandro Sanz, Manuel Medrano,...y muchos más. Además, ha compuesto temas para cantantes como Pastora Soler, Manuel Lombo, Franco de Vita o Joan de Son rapinya, entre otros. Y publicó su primer libro, "Mujer océano", en 2016.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Un café y me lo cuentas

 Marina salió de trabajar a las cinco de la tarde.
- Sí, sí vale. - Dijo hablando por teléfono. - ¿Has dicho a las diez?... ¿Te viene bien a y media? - Prosiguió cruzando la calle. Giró a la izquierda y entró en la cafetería. Era un sitio pequeño con grandes ventanas y mesas cuadradas, de dos o cuatro personas. Estaban a la derecha al entrar, a la izquierda había una máquina de tabaco, los aseos y la barra. 
- Hola, ¿qué va a tomar? - Le preguntó el camarero acercándose a ella.
- Vale, a menos cuarto. Espera un momento. - Tapó el micrófono y se dirigió al camarero. - Un bombón, por favor. - El camarero volvió a la barra y ella continuó su conversación. - Perfecto, yo hablo con Tamara y Lorenzo.
El camarero le trajo el café.
- Gracias.
Le sonó un WhatsApp, era de Carlos.
"Necesito verte. Es urgente."
Marina terminó su café y llamó a Carlos.
- Hola, ¿qué pasa?
- Necesito hablar contigo, en persona. - Le respondió Carlos serio.
- ¿Va todo bien? - Le preguntó preocupada.
- No Marina. Tenemos que hablar. ¿Te viene bien mañana?
- Sí, claro.- Le dijo sorprendida, y se hizo un pequeño silencio.- Carlos, te quiero.
- Mañana hablamos.

Al día siguiente, Marina se fue a trabajar. Pasó toda la mañana nerviosa por el mensaje y la conversación con Carlos. No consiguió centrarse. Esa tarde Carlos y ella quedaron en el piso de Carlos. 
- Hola. - Le dijo Marina, y se acercó a él para besarlo pero Carlos se apartó. - ¿Qué pasa?
- Esto ya no funciona. - Dijo dejando su taza de café en la encimera.
- ¿Qué? ¿Por qué dices eso?
- Marina... Ya no nos tocamos, casi no hablamos y... No sé, ya no siento lo mismo.
- Pero... Yo pensaba que estábamos bien. - Estaba muy confusa después de lo que él le había dicho.
- Lo siento, pero no. He intentado arreglarlo, pero ya no siento nada. Lo que teníamos se ha convertido de nuevo en una amistad.- Le dijo sinceramente.
-¿"Amistad"? Tu... ¿Me consideras solo una amiga? - Estaba muy sorprendida.
- Ahora mismo sí. Lo siento.
- Pero ¿desde cuándo? ¿Por qué no me has hablado antes de tus sentimientos?
- ¿Cuándo? Estás todo el día trabajando. - Le reprochó.
-  Eso...- Respondió desconcertada. - No es verdad.
- Marina lo siento. Esto no puede continuar.
Carlos la estaba dejando después de dos años de relación, sin ninguna discusión. Le dio un beso en la mejilla y le hizo un gesto para que se marchase. Ella bajó las escaleras pensando en qué había pasado, pero no logró entenderlo.

Marina volvió a la cafetería la tarde siguiente. Había quedado allí con su amiga Lorena.
- Hola. - Le dijo Lorena sentándose enfrente. - ¿Qué te pasa? Te noto rara.
- Carlos me ha dejado. - Le contestó con un hilo de voz, mirando su  café.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Dice que ya  no siente lo mismo, que me ve como una amiga.
- ¿Una "amiga"? ¿Después de dos años? - Le dijo dando a entender que no era muy creíble.
- Eso pienso yo.- Dijo recuperando su voz.- A ver, es verdad que últimamente no hemos estado muy "cercanos", por decirlo de alguna manera.
- Vamos que hace tiempo que no... - Insinuó refiriéndose al sexo.
- Exactamente. Pero de ahí a dejarlo... - Empezó a temblarle la barbilla.- No sé, pensaba que no estábamos tan mal. Es que no lo entiendo. - Le dijo mientras se enjuagaba algunas lágrimas. - Yo... Lo quiero.
- Lo siento mucho Marina. - Le dijo Lorena tocándole el brazo. - ¿Sabes si... Hay alguien...?
- ¿Qué? - Preguntó Marina. No se le había pasado esa idea por la cabeza. - No. No, no creo. - Respondió negando con la cabeza. - Él no... - Marina bebió un trago de su café.- ¿Y si es que ya no le gusto? Ya sabes... Físicamente. 
- ¿Qué? No digas tonterías Marina. - Le dijo Lorena, eso no tenía mucho sentido. - Tienes un cuerpo estupendo. - Marina se miró las piernas y fue subiendo la mirada rápidamente hasta los pechos. - No te rayes, - siguió Lorena, - eres muy atractiva. Si te viera en un bar y no te conociera, intentaría ligar contigo.
- No sé, es que... No me esperaba esto de Carlos. - Todavía lo estaba asimilando. - Es que llevábamos dos años, joder. Y ni siquiera sabía que estábamos mal.- Dijo removiendo lo que le quedaba del café con la cucharilla.
- Los tíos son así, por eso a mí no me van.- Le dijo.- Entre nosotras nos entendemos mejor.
- Bueno, ¿y tú qué tal?
- Bien, un poco agobiada con el curro.- Le respondió.- ¿Sabes lo que deberíamos hacer? Salir.- Marina se rio.- Lo digo en serio, salir una noche y despejarnos las dos un poco.
- Sí, estaría bien.

Ese sábado salieron las dos a cenar algo y después se fueron de copas. Marina fue haciéndose a la idea de que Carlos ya no formaba parte de su vida. La tristeza se fue paulatinamente y dio paso a otros estados de ánimo: la calma, la paz, la felicidad,... Entre café y café logró superarlo.

viernes, 31 de agosto de 2018

Carta de un cobarde

No merecía tu aprecio, lo sé. Sé que no me porté bien contigo, que fui un cobarde. Podría decirte que me entró miedo, que se me fue la cabeza, que olvidé nuestros planes. Podría decirte que pensé en dejarlo para más adelante, porque en ese momento estaba ocupada con otras cosas. Mis cosas. "Mis" y no "nuestras", y sé que debí ocuparme de ambas al mismo tiempo, pero no pude. Las circunstancias me superaron y no supe ver el "nosotros", solo veía el "yo" y el "mí". Y cuando me di cuenta, cuando intenté retomar el "nosotros", tu ya no estabas y solo estaba el "yo".

Lo siento. Te lo digo y te lo repetiría una y mil veces, aunque supongo que estas palabras llegan demasiado tarde. Ahora me doy cuenta de que nos faltó una conversación para explicártelo todo, ahora sé que es tarde. Podría echarles la culpa al tiempo y las circunstancias que nos rodeaban por aquel entonces. Podría ponerte mil excusas, pero me estaría engañando, y lo peor: te estaría engañando a ti. Por eso te reconozco que la culpa fue mía, por poner mil cosas entre tu y yo. Por ser cobarde y no querer afrontar la realidad. Y te pido perdón. Por fallarte, por no estar ahí cuando me necesitabas, por mirar hacia otro lado y no hacia adelante. Sé que no supe estar a la altura de las circunstancias. Me acobardé, me sentí pequeña y no supe reaccionar. 

Me olvidé de ti, me olvidé de mirar a mi alrededor y de decirte lo mucho que te quería. Quise ser fuerte y levanté muchas piedras, pero a la hora de dejarlas no presté atención y las puse entre los dos. Separando así nuestros caminos. Me centré en mí y no supe quererte, o al menos demostrártelo. Fui egoísta, lo sé, y por eso te pido perdón. Reconozco también que me centré tanto en mí que descuidé nuestra relación. Mientras tu te esforzabas en recrear la magia, en avivar la llama y pasar más tiempo juntos, yo me sumergía en mis propios pensamientos, olvidándome así del "nosotros". No supe compaginar el "yo" y el "nosotros", desequilibré la balanza. Y mientras tú me esperabas con la mesa puesta (velas incluidas), yo iba al McAuto a por un menú individual. 

Fui cobarde, y cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo ya era tarde. Era tan tarde que ni siquiera me atreví a llamarte para darte explicaciones. Dicen que con el tiempo las aguas se calman, y eso hice yo, dejar pasar el tiempo. Pero se me olvidó poner la alarma en el móvil, y pasó tanto tiempo que nos alejamos, nos perdimos, y se me olvidó pedirte perdón. Y es por eso que te lo pido ahora, que te pido perdón. Por fallarte, por no pensar en el "nosotros", y solo pensar en el "yo".