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Llegué aquí una fría madrugada de diciembre. Los primeros libros que llegaron a mis manos me mostraron la magia de la imaginación y la belleza de las palabras. Más tarde, despertaron en mí la necesidad de plasmar éstas en nuevos relatos. La música me enseñó otra forma de ver la vida y, aunque no sé cantar, disfruto mis ratos libres escuchándola. Estas tres pasiones y disfrutar con la gente que me quiere son los pequeños placeres de mi vida. Me gusta fijarme en los pequeños detalles, ya que son los que le dan un toque personal a las cosas, e intento introducirlos en todo lo que hago, incluidos los relatos. Me gusta andar aunque no sepa a dónde voy o vaya sin rumbo fijo, creo que perderse es una buena forma de conocer otros lugares. Disfruto nadando, aunque no tenga el suficiente tiempo para ello, ni la playa muy cerca. Me considero una persona sencilla, no necesito gran cosa para ser feliz. Me gusta hacer las cosas de manera original, pero no destacar. Y estoy aquí porque necesito sacar las pequeñas ideas que pasan por mi cabeza.

jueves, 2 de junio de 2016

El hospital provisional

Merche era una chica de veintiún años que estudiaba cuarto de enfermería en una universidad privada. 
Terminó bachiller con una nota bastante alta y al hacer selectividad sobrepasó la nota de corte de enfermería, la carrera que ella quería hacer. Aún así, su padre insistió en que estudiara en una universidad privada, y cerca de casa a ser posible.

- ¿Cómo lo llevas? - Le preguntó su padre.
- Regular, - le respondió, - estoy un poco nerviosa porque son los últimos de la carrera. - Le respondió refiriéndose a los exámenes.
- Seguro que los sacas, tranquila. Vas sacar unas notas muy altas. - Le dijo su padre. - Nos han llamado Froilán  y Leonor para ir al club de golf, y llegaremos tarde porque creo que quieren salir a cenar. Así que no nos esperes levantada.
- Vale.
- Puedes pedirle a María que te haga algo de cenar.- Le propuso. María era una de sus empleadas domésticas.
- Tranquilo papá, estaré bien.
- Vale.
Su padre le dio un beso y se fue.

Merche siguió estudiando un poco más y después de un rato bajó a la cocina.
- Hola. - Saludó a María.
- Hola señorita.
Merche abrió el frigorífico y sacó companaje.
- Puedo hacerlo yo, señorita. - Le dijo María acercándose a ella.
- No pasa nada María, si esto se hace en un momento. - Le respondió. - ¿Quieres cenar algo?
- No.- Le dijo ella.- Ya cenaré cuando llegue a casa no se preocupe.
- Si hay comida,  y ya es tarde. Siéntate.
- No señorita, de verdad. Muchas gracias.
- Cómo quieras. - Le dijo cenando.- María, ¿te puedo pedir una cosa?
- Claro, lo que usted quiera.
- ¿Puedes dejar de hablarme de usted?- Le pidió. - Es que es un poco extraño teniendo en cuenta que eres mayor que yo.
- Es el protocolo señorita.
- Está bien. - Le dijo Merche resignándose un poco.

El padre de Merche era banquero y su madre, abogada. Ambos tenían una buena posición social y un nivel alto de poder adquisitivo.
Ella se había criado en su mansión de tres plantas, con servicio doméstico y chófer. Además, desde bien pequeñita, había ido a un colegio privado y trilingüe en el que había aprendido a hablar alemán e inglés a un nivel nativo. Sus notas siempre habían sido bastante altas. 
Su padre era un gran aficionado de la música clásica e hizo que Merche recibiera clases de piano y violín, desde los nueve hasta los doce años. 

Merche pasó los días siguientes estudiando duro y preparando su TFG (Trabajo Fin de Grado).No sabía porqué pero ese año le estaba costando más concentrarse y aprobar sus exámenes. Cada día estudiaba más tiempo pero le costaba más concentrarse.
- ¿Te lo sabes todo ya?- Le preguntó su madre unos días después.
- No, aún me quedan dos asignaturas por acabar, y hay algunas que no las llevo bien al cien por cien.
- Bueno, seguro que sacarás unas notas muy altas.- Insistían sus padres una y otra vez.

Unos días más tarde, sus padres dieron una fiesta en casa con invitados de alto standing. Su padre estaba conversando con un grupo de hombres y mujeres cuando la llamó:
- Merche ven un momento.
Ella se acercó a ver que quería.
- Hola.- Saludó a los demás.
- Ésta es Merche, mi hija.- La presentó su padre.- Está estudiando enfermería en la universidad privada. Éste es ya su último año.- Dijo él orgulloso.
- Vaya, enhorabuena.- Le dijo uno de los invitados.
- Gracias.- Le respondió ella.
- Va a sacar matrícula. - Dijo su padre.
Todos quedaron sorprendidos y la miraron.
- Bueno,...Estoy en ello.- Dijo un poco tímida.

Al terminar la fiesta Merche habló con su padre.
- ¿Por qué les has dicho lo de la matrícula?
- Porque es verdad.
- Pero si te estoy diciendo que me está costando estudiar, ¿cómo voy a sacar matrícula?
- Eso es ahora que estás agobiada, pero ya verás como la sacas.
- ¿Pero por qué tienes que decir eso? ¿Y si no la saco?
- Lo harás, no te preocupes.- Le respondió muy convencido.- Y así tendrás más nota para que te cojan en el máster.
- ¿Qué máster? - Le preguntó extrañada.- No he tenido tiempo de pensar lo que voy a hacer cuando acabe.
- Harás un máster, no te preocupes.
- Pero...- Dijo Merche sin dar crédito a lo que estaba oyendo.- ¿Cuándo te he dicho yo que quiera hacer un máster? Ni me he parado a pensarlo, no te he hablado de nada de eso, ¿por qué tienes que decirle eso a tus amigos?
- Merche, tu aún no sabes lo que quieres.
- Claro que sé lo que quiero, quiero terminar enfermería y después ya pensaré qué hacer.- Le respondió.- Es mi vida, soy yo la que tiene que tomar esas decisiones.
- Estás cansada, es mejor que te vayas a la cama.- Le dijo.- Mañana lo verás todo más claro.
Merche no podía creer lo que le estaba diciendo, pero le hizo caso y se fue a dormir.

Acabó los exámenes unas semanas más tarde, y se graduó. Ese verano se lo tomó como un tiempo de descanso.
- Merche, ¿no hay ningún chico que te guste? - Le preguntó su madre.
- No, ¿por?
- Porque desde aquel novio que tuviste en la E.S.O. no has vuelto a tener ninguno.
- Es que no ha habido ninguno que me haya gustado tampoco. - Le respondió.- Veo chicos guapos pero no hay ninguno que me guste.
- Pero mujer, con veintiún años ya...
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Pues que ya tienes una edad para ir teniendo novio.
- Yo estoy bien así, - le explicó Merche - además si no hay ninguno que me guste...¿Qué quieres que haga? 
- No, nada.

Los padres de Merche empezaron a meterle presión para que hiciera un máster y buscara pareja. Ella empezaba a asfixiarse y empezó a salir con más frecuencia para pasar menos tiempo en casa.

Un día vio un anuncio en el hospital en el que buscaban enfermeros, enfermeras, médicos y médicas para trasladarse a un país de África, y allí poder atender a los más desfavorecidos. Era, sobre todo, para atender a víctimas de diversas guerras. A Merche le gustó la idea y se la comentó a sus padres esa misma noche, mientras cenaban.
- Hoy he visto un anuncio en el hospital para ir a un campamento de refugiados en África.
- ¿Se ha apuntado algún compañero tuyo?¿O algún médico?
- No lo sé, algunos estamos contemplando la posibilidad de irnos. 
- ¿Qué quieres decir con "estamos contemplando"? - Preguntó su madre. - ¿Es que tu piensas irte?
- Me gustaría, pero no lo he decidido aún.
- Pero Merche, ¿sabes lo que te puedes encontrar allí? - Le preguntó su padre.
- Pues claro papá.- Le respondió. - Gente desfavorecida en unas condiciones bastante pésimas.
- ¿Y tu quieres ir allí? - Le preguntó su madre sorprendida.
- Claro que sí mamá. Yo quiero ayudar, hacer algo útil.- Le explicó.
- Pero Merche ya puedes ayudar en los hospitales de España.- Le dijo su madre.
- Mamá aquí hay muchos enfermeros y muy poco trabajo, además no es lo mismo. Yo quiero viajar, conocer otras culturas, y ayudar a la gente.
- Pero dime la verdad, ¿por qué lo haces?
- Porque quiero ayudar mamá, quiero ser útil. Y allí me necesitan.

Los padres de Merche intentaron convencerla para que no lo hiciera, pero no consiguieron hacer que cambiara de opinión. Merche, por otro lado, se lo contó a sus amigas:
- ¿Tu estás loca? - Le preguntó Gemma.
- ¿Por qué?
- ¿Sabes cómo se vive allí?
- Claro que lo sé, por eso quiero irme.

Merche se fue a África después del verano. Sus padres pasaron todo el verano intentando convencerla de que no lo hiciera, pero no pudieron.
Se instaló en una pequeña población y empezó a trabajar en un campamento para gente que había huido de la guerra. Allí conoció a varías personas, entre ellas a Noelia, una médica que trabajaba allí voluntariamente.
- Hola, soy Merche.- Se presentó.
- Hola, yo soy Noelia, encantada.- Le respondió.- ¿Eres nueva por aquí?
- Sí.
- ¿Tienes alguna titulación o solo eres voluntaria?
- Soy enfermera.
- No te ofendas, lo preguntamos para ver dónde podéis encajar mejor.
- No, tranquila.
- Vale, creo que te irá mejor venir conmigo al hospital. Es un hospital provisional por llamarlo de alguna manera. - Le explicó mientras caminaban hacia él.
Era como un invernadero pero con las telas oscuras en vez de transparentes. Dentro habían unos armarios con material médico y quirúrgico, y un montón de camillas. Merche empezó a mirar a ambos lados cuando vio aparecer a varios enfermeros entrando por la puerta de la base con varios hombres heridos en sus brazos. Era una imagen muy sangrienta y se quedó mirando.
- Más víctimas de bombardeos.- Explicó Noelia apenada.
- ¿"Más"?
- Aquí es muy frecuente.- Le explicó.- Con la guerra hay muchos heridos.
Merche se puso manos a la obra y empezó a ayudar a sus compañeros y a los heridos.

Pasó varios meses atendiendo heridas y ayudando en diversas operaciones. Vio atrocidades que nunca pensó que vería pero también se sintió útil al ver que podía ayudar a la gente y formar parte de un equipo tan grande como era el del hospital provisional.

Se hizo muy amiga de Noelia, llegaron a compartir grandes confidencias. Solían trabajar en los mismos turnos y dormían en la misma base, una al lado de la otra.

Un día aparecieron por allí los padres de Merche, por sorpresa. Cuando llegaron, Merche estaba poniéndole una vacuna a un niño pequeño.
- Ya está, ¿te ha dolido?
- No.- Respondió el niño negando con la cabeza.
- Eres muy fuerte, ¿eh?
- Sí.- Le dijo el niño sonriendo.
Merche terminó y fue atendiendo a los demás. Cuando terminó empezó a esterilizar algunos utensilios quirúrgicos y a guardarlo todo. En ese momento oyó una voz conocida :
- ¿Se puede? - Le preguntó su madre.
- Sí pase.- Le dijo ella sin darse la vuelta.
Cuando se dio la vuelta y vio a su madre se alegró mucho y fue corriendo a abrazarla.
- Mamá.- Le dijo abrazándola muy fuerte.
Sus padres la abrazaron muy fuerte.
- ¿Cómo estás?
- Muy bien.
- ¿Estás a gusto aquí?
- Sí, mucho.- Le respondió.- ¿Y vosotros cómo estáis?
- Muy bien.
- Merche, ¿de verdad es esto lo que quieres? - Le preguntó su padre mirando a ambos lados del hospital provisional. 
- Sí. Aquí me siento útil y siento que formo parte de un gran equipo. - Le explicó. - Sé que parece una locura pero me gusta. Este tiempo que he pasado aquí me ha hecho valorar más las cosas y madurar. Esto es lo que realmente quiero papá.
- Bueno.- Le dijo su padre.- Si tu lo sientes así. 
- Perdona por haberte presionado tanto.- Le pidió su madre.- No teníamos que haber hecho tantos planes por ti.
- No pasa nada mamá, sé que queríais lo mejor para mí. - Le respondió. - Quiero presentaros a alguien.
Merche fue a buscar a Noelia.
- Noelia, éstos son mis padres: Juan Carlos y Eloisa. - Le dijo. - Papá, mamá, ésta es Noelia, una compañera de la base.
- Hola, encantada. 
Los tres se saludaron.

Eloisa y Juan Carlos se quedaron por allí unos días, y después volvieron a España. 
- ¿Cuándo volverás? - Le preguntó Juan Carlos a Merche.
- No lo sé papá, cuando esto esté un poco más calmado.
- Cuídate, ¿vale?- Le pidió su madre. 
- Sí, tranquila mamá. 
Los tres se despidieron y Juan Carlos y Eloisa cogieron un avión. 

jueves, 26 de mayo de 2016

El manuscrito

Buenas tardes pequeños y pequeñas turistas.
Hace un mes me presenté a un concurso de Renfe " X Certamen de Relatos Breves de Cercanías Madrid ", no sé si habréis oído algo de él. Bueno, nos pedían un microrrelato de noventa y nueve palabras como máximo cuya temática fuera el tren de cercanías y todo lo relacionado con su entorno.

Supongo que os estaréis preguntando si he ganado algo, pues...no, no he ganado nada. Hoy os traigo el relato a vosotros y vosotras para que podáis disfrutarlo.


                                                 El manuscrito

            "Próxima salida, tren con destino Murcia".
   Laura subió, salía de Madrid.
 Hizo varias paradas de camino, una en otra estación de Madrid.
Un joven, con una carpeta, se sentó enfrente. Hablaron.
Él  bajó antes. Olvidó su carpeta y Laura la cogió.
"Aitor Torres" ponía. Debía devolvérsela.
La abrió, ¡había un manuscrito! Era suyo y no lo había publicado aún.
"No pasará nada si lo leo" pensó, y lo hizo.
El libro la enamoró. Tenía que conocerle.
Volvió a Madrid unos días después y le encontró en la estación. Le devolvió el manuscrito y fueron quedando para conocerse. 


viernes, 20 de mayo de 2016

Cuanto tiempo sin verte...Demasiado.

Cuanto tiempo sin verte...Demasiado. Creo que si te volviera a ver ahora mismo no te reconocería. Tu has cambiado, yo he cambiado,... ya ni el cielo ni el suelo están igual. Tu rostro ya no es el mismo, eh que no es por ti, que el mío tampoco. Ya no somos como antes, la vida pasa por todos. Los tiempos ya no son iguales.

¿Recuerdas aquel día en el bar? Bueno quien dice día, dice días, semanas,...y toda una vida. Un par de cervezas en la barra del bar de la esquina, y miles de conversaciones filosóficas sobre la vida misma, nuestros planes,... Aquellos que aún no hemos cumplido, pero que cumpliremos, tiempo al tiempo.

¿Recuerdas? Que claro lo teníamos entonces. Unos críos " planeando " el resto de nuestra vida. Es curioso porque yo quería quedarme aquí, en nuestra ciudad. Tal vez haciendo alguna escapada por aquí cerca de vez en cuando, y ahora... Sigo aquí, sí. Aquí estoy y por mucho tiempo, ya lo verás, pero no descarto el irme, marcharme. No me malinterpretes, me gusta cómo estoy. En serio, las cosas han cambiado pero vivir aquí sigue estando bien. Cuando quieras vuelves y te lo demuestro, pero mándame un whatsapp antes por si no me pillas en casa. ¿Ves? Otra cosa que ha cambiado, antes me hubieras buscado por todo el pueblo (incluso dando voces, de ti me lo esperaría), ahora no, ahora le das a cuatro botones y en menos de cinco minutos te respondo (a no ser que me pilles haciendo algo importante, y tengas que esperar un momento).

Planes, planes y más planes,... y la mayoría de ellos ni los hemos cumplido ni los vamos a cumplir. Sobrevivirán  los que más nos convengan, ya lo verás, y aparecerán otros nuevos, siempre lo hacen. Empiezas una etapa planeando algo y a veces terminas haciendo otra cosa.

Te contaré algo sobre todo esto (lo que te voy a contar es real, lo prometo): Siempre pensé que sería profesora, (los que me conocen, como tú, saben que es cierto, eso nunca ha cambiado) incluso pensé que iría a la universidad. Pero cuando terminé cuarto de la E.S.O. no me vi preparada para hacer bachiller y ¿sabes qué pensé? Pensé en hacer un ciclo medio, llegué a echar la solicitud, pero no me cogieron y acabé en bachiller. Para que veas cómo te pueden cambiar los planes en un solo año.

Creí que no iba a pasar a segundo ni de coña, incluso pensé en meterme al ciclo medio, pero pasé. Entré a segundo convencida de que iba a ir a la universidad, incluso contemplando la posibilidad de irme a un piso de estudiantes, ¿y sabes qué pasó? Que repetí curso. Eso no estaba en mis planes iniciales, aunque creo que lo añadí al llegar a mitad del primer año. Coincidirás conmigo (si has hecho bachiller) en que segundo es duro, muy duro.

Así que pensé que al hacer menos asignaturas tendría que estudiar las demás por mi cuenta para selectividad, ¿y sabes qué pasó? Que ni me las estudié ni hice selectividad. Esto último lo decidí en el último trimestre. Yo no suelo decidir las cosas a última hora (ya me conoces, nunca lo he hecho) pero ese año fue así. ¿Por qué? No lo sé, supongo que me entró la sensatez que muchas veces me faltó (no quiere esto decir que, para algunas cosas, esta sensatez siga en mí.). Pero bueno se podría decir que acabé satisfactoriamente esa etapa de mi vida. A veces no puedo creer que haya terminado.

Conocí a personas maravillosas ¿sabes? No todas, obviamente, pero sí unas cuantas. He de decir, también, que aún converso con algunas de ellas con mucha frecuencia. ¿Sabes qué? Bueno yo nunca he sido de muchos amigos, y cuando te fuiste me quedé un poquito sola, en bachiller encontré los que necesitaba. He de decir que fuimos un grupo muy grande y al pasar de curso ese grupo disminuyó un poco, pero conservo a varios. Dicen que los verdaderos amigos se pueden contar con los dedos de la mano, y he de decir que cumplo ese dicho. Sí, no te preocupes, tu siempre serás mi pulgar.

La vida siguió pasando y ahora estoy estudiando un grado superior, ¿te acuerdas del grado medio del que te he hablado? Pues estoy haciendo el superior, y estoy contenta, bastante. ¿Sabes? A veces echo la vista atrás, tres o cuatro años y pienso que no he hecho lo que tenía planeado en un principio, pero me gusta. Incluso llegué a pensar, en mi pequeña ingenuidad, que iría a la universidad en Cádiz. Pues no, eso no pasó, ni pasará sino...tiempo al tiempo. Aunque sí quiero ir allí de viaje, ¿recuerdas que te lo dije? Pues eso sí que no ha cambiado. A ver, ese viaje sigue en mis planes, lo que pasa es que aún no lo ubico, sigo sin saber cuándo lo haré. Ni con quién, ahora que lo pienso. Si te quieres venir avísame, un viaje en compañía es más viaje.

Bueno, creo que ha llegado la hora de despedirme. Nos vemos pronto, o eso espero. Podríamos tomarnos unas cervezas y retomar aquella vieja conversación, además de ponernos al día con cosicas nuevas. Hasta entonces, cuídate.

jueves, 21 de abril de 2016

El calvario de Vera

Oía su respiración profunda.
"Tengo que ir al aseo" pensó Vera en mitad de la noche, "espero que no se despierte".
Se levantó con mucho cuidado y fue al aseo. Volvió de puntillas, no se había despertado.

A la mañana siguiente su marido se despertó y empezó a tocarla y a besarla. Ella se dejó hacer, no quería más moratones. Le hizo el desayuno y él se fue a trabajar después de marcarla.

- Hoy lo ha vuelto a hacer, y eso que aún no son ni las ocho de la mañana. Al menos ahora tengo unas horas de respiro. - Contaba en la radio bajo un pseudónimo.
- Hay leyes que le protegen, debería contarlo.- Le respondió la locutora, Eva.- Díganos su nombre.
- No puedo.
-¿Tienen hijos?
- Una, es muy pequeña.
- Y ¿ella lo ve?
- Sí, pero solo tiene seis meses.
- ¿Es ése el ambiente en el que quiere que crezca?
- No.
- Pues solo lo puede cambiar de una manera.

El volvió de trabajar, y siguió haciéndolo durante un par de días.
- No me gusta que me trates así. - Le repetía Vera día tras día.
- Así, ¿cómo?
- Pegándome y hablándome mal.
- Yo te trato como te mereces. - Le respondió y se durmió.

Siguió maltratándola varios días más.
- Lleva así varios meses.- Contó a la radio.
- Señora si no nos dice su nombre no la podemos ayudar.- Le recordó Eva.- He estado pensando sobre su historia y he traído a un psicólogo especialista en la materia. Está aquí escuchándola.
- Hola, soy Nico. - La saludó el psicólogo. - Estos casos siempre acaban mal, a no ser que la víctima denuncie.- Le explicó. - Tiene que llamar al 016.
- Pero tenemos una hija.- Le contó Vera.
- La niña no va a sufrir, ¿cuántos años tiene su hija?
- Seis meses.
- Ni se va a enterar. - Le explicó. - Y piense que de esta manera también la está protegiendo a ella.
- Le tengo que dejar.- Dijo ella mirando su reloj. - Llegará en una hora.

La radio cortó la emisión y los locutores se quitaron los cascos y apagaron sus micrófonos.
- Tenemos que localizar a esa mujer.- Dijo Eva.
- ¿Podemos localizar el teléfono desde aquí? - Preguntó Nico.
- No lo sé. Voy a hablar con mis compañeros.
La locutora entró en la cabina y buscó al director.
- Hay que localizar a esa mujer. - Le dijo.- No podemos dejarla así, hay que ayudarla.
- No sabemos su nombre. Sin eso no podemos hacer nada.
Nico, el psicólogo, entró también.
- Hay que hablar con la policía y localizar el teléfono. - Les dijo.
- Esperaremos a que llame y le harás  muchas preguntas.- Le indicó el director a Eva. - Así podremos entretenerla.
- Sí pero tenemos que traer a la policía antes.- Le recordó. -¿Cómo haremos que coincidan si no sabemos cuándo va a llamar?
- Hay que pensar algo. ¿A usted le importaría venir todas las noches? - Le propuso el director al psicólogo.
- No, claro que no. Esta mujer necesita ayuda.

Vera volvió a llamar la semana siguiente.
- ¿Cuántos años tiene usted?- Le preguntó Eva.
- Veintiséis.
- Y ¿cuántos años llevan casados?
- Tres.
- ¿Cuándo comienza a tratarla así? - Le preguntó Nico.
- Un poco después de que volviera del hospital, al tener a mi hija.
- ¿Cree que le tiene celos a la niña? No quiero decir con esto que sea un motivo suficiente, porque no hay nada que justifique lo que está haciendo.
- Sí, puede ser. El nunca la atiende y cuando estamos juntos, se enfada si ve que voy a cogerla.
- Yo, - les interrumpió Eva, - si me permiten, creo que debería llevarse a su hija de allí. Porque ambas están en peligro.
- No tengo ningún sitio cerca.
- ¿Tiene más familia a parte de él? - Le preguntó Nico. - Familia directa quiero decir, no política.
- Sí, mis padres, dos hermanos y ya mis sobrinos, primos y una tía.
- ¿Le ha contado a alguno de ellos lo que le pasa?
- No, es que no hablamos mucho. - Le respondió. - Y tampoco nos vemos.
- ¿Viven cerca de usted?
- No, mis padres y mi familia viven en el norte.
- ¿Desde que parte de España nos está llamando, señora?
- No puedo decírselo.
- Señora, yo me tengo que ir ya, - le dijo Nico. Eva lo miro preguntándose qué estaba haciendo. - Me gustaría volver a hablar con usted. ¿Cuándo volverá a llamar?
- La semana que viene. Seguramente el miércoles porque tiene una reunión y llegará más tarde. - Añadió refiriéndose a su marido.
- Muchas gracias. - Le respondió Nico.
- A ustedes.
Eva despidió el programa y cortaron la emisión.
- Hay que traer a la policía el miércoles. - Le indicó Nico a Eva.
- ¿Querrán venir?
- ¿Podemos ponerles los programas anteriores, para que la oigan?
- Sí, no creo que tengamos ningún problema. ¿Está seguro de que esto va a funcionar?
- No, pero no podemos hacer otra cosa.

- Hola princesa. - Le saludó su marido abrazándola por detrás esa noche, mientras ella hacía la cena. Vera empezó a temblar. - ¿Qué estás haciendo?
- Pechugas.- Le respondió con miedo.-¿Quieres otra cosa?
- No, está bien.- Le respondió aportándole el pelo de los hombros. - ¿Por qué tiemblas?
- Por nada.- Le respondió tragando saliva.
Lucía, su bebé, empezó a llorar.
- Tengo que ir a cogerla. - Le dijo ella.
- Puede esperar un poco. - Le dijo él tocándola.
Le quitó fuego a la encimera y empezó a sobar a Vera. La manoseó y la besuqueó por todos lados.
Vera intentó quitárselo de encima en todo momento, y en cuanto pudo escaparse, fue a atender a Lucía.
Esa noche, después de cenar, intentó mantener relaciones con ella. Acabó violándola y pegándole más.

- Anoche...-Le confesó a Eva, la locutora, casi sin fuerzas.
- ¿Se encuentra bien? - Le preguntó Eva preocupada.
- Me cuesta... respirar... desde anoche.- Le confesó.-Me...pegó...mucho.
- ¿Cómo se llama?- Le preguntó seria.
- Vera.
- Vera...Tiene que dar parte a las autoridades. - Le dijo. - Mire vamos a hacer una cosa, usted dígame dónde vive,  yo denuncio. Pero dígame dónde vive para que la policía pueda ir a comprobarlo.- Le propuso. - ¿Está usted ahí, Vera?
- Sí.
- Queridos oyentes vamos a finalizar la emisión de esta noche, porque es importante que esto lo hagamos en privado.- Anunció Eva haciéndole una señal a su equipo. El equipo cortó la emisión pero no la llamada. - Vera ya no estamos en directo, - le informó Eva,- ahora solo te oímos el equipo de la radio, Nico - el psicólogo -  y yo. ¿Dónde vives, Vera?
Ella les dijo su dirección completa.
- Está bien, vamos a hacer una cosa. Tiene que ir a la policía a denunciar, nosotros le mandaremos un taxi con uno de nuestros compañeros para acompañarla.
- ¿Y mi hija?
- Llévesela con usted. - Le indicó Nico.
Eva llamó a un taxi y lo mandó a su puerta.
El taxista llamó a Eva al llegar y le dijo que había aparcado justo debajo.
- Vera, ¿sigues ahí?
- Sí.
- Coge tus cosas y a tu hija y baja, te espera un taxi en la puerta.
Vera le hizo caso y bajó rápidamente.
Vio el taxi y entró. Dentro había un hombre.
- Hola, usted debe ser Vera.- Le saludó el hombre.
- Sí.
- Yo soy un compañero de la radio de Eva, me llamo Dani. - Le dijo tendiéndole la mano.- Me ha enviado ella, conozco su caso.-Le informó. - He venido para ayudarlas.
- Gracias.- Le respondió.
- ¿Dónde les llevo?- Preguntó el taxista.
Vera no supo qué decir, y Dani le dio la dirección de la radio.

Al llegar fueron al estudio de Eva y la encontraron con Nico.
- Eva - la llamó Dani al verla, ella se giró. - Ésta es Vera.
Eva y Nico se acercaron a ella, Vera estaba asustada.
- Hola Vera, hemos hablado mucho por teléfono. - La saludó Eva. - Éste es Nico, ya lo conoces.
- Me alegra mucho conocerla en persona.- Le dijo Nico.
- A mí también. - Le dijo Vera aliviada. - Muchas  gracias por todo.
- Ésta debe de ser su hija.- Dijo Nico mirando el carricoche.
- Sí, ésta es Lucía.
- ¿Le ha tratado bien Dani?
- Sí, mucho.
- Vera,  hemos traído a la policía nacional, más en concreto al personal de atención a la mujer maltratada.- Le explicó Eva. - Esto no va a salir, les vamos a dejar una sala para hablar pero sin micros ni nada.
- Nada de esto saldrá por la radio.- Le aseguró Nico.
- ¿Puede entrar mi hija conmigo?
- Sí, por supuesto. - Le respondió Eva.

Todos entraron en el estudio.
- ¿Quiere algo? ¿Agua, un té,...? - Le ofreció.
- Agua, por favor.- Les pidió.
- Éstos son los agentes Elena y Manuel, van a llevar su caso.
- Hola.- Los saludó.
- Hola.- Le respondió Manuel.
- Vera, ¿cuánto tiempo lleva aguantando esto?- Le preguntó Elena.
-  Seis meses.
- Y ¿no se lo ha contado a nadie?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque si lo cuento le hará daño a mi hija, y eso no puedo permitirlo. - Le explicó. - Y yo no trabajo, ¿cómo la voy a mantener?
- Si denuncia no dejaremos que se acerque ni a usted ni a la niña. Y le daremos recursos, no se preocupe. - Le explicó Elena animándola.
- ¿ Y si se enfada?
- No vamos a dejar que se acerque a ninguna de las dos.
- Pero, ¿dónde vamos a vivir?
- No se preocupe, si no tiene a dónde ir le proporcionaremos un piso de protección oficial. - Le respondió Elena.- Tenemos que ir a comisaría, aquí no puede declarar.

Elena, Manuel, Vera y Lucía llegaron a comisaría y se sentaron en un despacho. Vera relató toda su historia frente a los policías y un psicólogo. Dos agentes detuvieron a su marido y ella se quedó con la custodia de Lucía.

sábado, 9 de abril de 2016

Enamor- Arte

Sonó el despertador y Sofía se despertó y se arregló. Desayunó, recogió sus cosas, las metió en su bandolera vaquera y se la colgó mientras se levantaba.
Estudiaba el grado en diseño gráfico, ilustración y animación en la universidad de Sevilla. Estaba en cuarto y le faltaban solo unos meses para empezar las prácticas. Bajó al garaje con las llaves del coche en la mano, cogió el coche y pasó por casa de Olga:
- Hola.- Le dijo Olga subiendo al coche.
- Hola.
Sofía arrancó el coche y fueron a casa de Marina.
- Qué poquito nos queda.- Le dijo Olga refiriéndose al curso.
- Sí.- Le dijo Sofía.- Tengo unas ganas de empezar ya con las prácticas y graduarnos.
- Ya ves. Dentro de unos meses todo habrá terminado, - le recordó Olga.- Y seremos artistas.- Añadió riéndose.
Sofía empezó a reírse mientras paraba en coche enfrente de la casa de Marina.
- ¿De qué os reís? - Les preguntó Marina sentándose en el asiento trasero del coche.
- Ésta que dice que somos artistas.- Le explicó Sofía.
- No, de momento somos proyectos de artistas.
- Unos bocetos, ¿no? - Dijo Marina siguiéndole la broma a Olga.
- Claro,- le dijo riendo.- ¿Ves?- añadió mirando a Sofía. - Ella me entiende.
- Sí, sí.- Respondió.- Ya lo veo.- Dijo riéndose mientras arrancaba el coche de nuevo en dirección a la universidad.
- Vamos a escuchar un poco de arte.- Dijo Olga encendiendo la radio.
Buscó una emisora de música y la dejó en "Canal Fiesta Radio". 

Llegaron a la universidad, aparcaron el coche y entraron a clase.
- Buenos días.- Dijo el profesor entrando por la puerta.- Sé que estáis muy liados con los exámenes finales pero nos han dado una oportunidad única que debéis aprovechar.- Les dijo.- Nos han pedido que hagamos una exposición de pintura en la galería "Birimbao".- Los alumnos comenzaron a murmuran y a hablar entre ellos.- Todos debéis presentar una obra propia, y se expondrán todas. Es una actividad obligatoria y contará para nota.
- Pero, ¿va sobre algún tema en concreto?- Preguntó Óscar, un compañero.
- No, podéis hacer lo que queráis.- Le respondió.- Tenéis tres semanas, yo os dejaré todas las sesiones para que lo hagáis pero también podéis utilizar tiempo fuera de aquí.
- ¿Cuánto contará más o menos?- Preguntó María.
- Será un cuarenta por ciento de la evaluación.- Respondió.- Y debéis acompañar la obra con un comentario propio que abarque por lo menos tres caras de folio.
- ¿Y qué ponemos en la parte del autor y la época?
- Ponéis la fecha y un poco de vuestra biografía.

Después de la universidad, volvieron a casa. Sofía las dejó a cada una en su casa y volvió a la suya.
Miró el móvil y le mandó un whatssapp a Iker, su novio:
" ¿Quieres que quedemos un rato esta tarde? "
" Vale. Paso por tu casa? "- envió Iker.
" Vale." - le respondió Sofía.- " Nos vemos a las 6? ".
" Sí."
Sofía comió con su familia y se puso a estudiar hasta las cinco, cuando empezó a arreglarse.
- Mamá va a venir Iker un rato esta tarde.
- Vale.- Le respondió Bea, su madre.

Unos minutos más tarde, llegó Iker. Tocó el timbre y entró dentro.
- Hola.
- Hola.- Le saludó Sofía.
Pasaron a su habitación y Sofía le dio un beso.
- ¿Qué tal?
- Bien.- Le respondió Sofía.- ¿Y tu?.
- Bien.
- Hoy en clase nos han pedido que hagamos una obra de pintura - le contó - , del tema que queramos, para exponerlos en la galería " Birimbao " dentro de tres semanas.
- ¿En una galería?- Le preguntó sorprendido.
- No, en una galería no, en la galería " Birimbao " - le dijo emocionada -, ¡la galería de arte contemporáneo de Sevilla!- Le explicó.
Iker la abrazó emocionado también.
- ¡Qué bien pequeña! - Le dijo Iker contento. La besó y le dijo:- Mi pequeña en su primera exposición, dentro de nada serás como Velázquez o Picasso.
Sofía empezó a reírse y lo besó también.
- Ya quisiera yo ser como esos,- le respondió sentándose encima de él y besándolo.
- Lo serás, ya lo verás.

Sofía trabajó duro hasta el día de la exposición, en su cuadro al que llamó "El atardecer de otoño". Ese día llegaron unos camiones a la facultad para cargar los cuadros, y un autobús en el que iba toda la clase y el profesor.
Los artistas se quedaron allí durante la exposición.

Sofía llevaba unos pantalones rojos y una blusa blanca con estampados geométricos hechos con líneas rojas. Olga se puso unos pantalones azules y una camisa verde con estampados hechos de hilo con forma de flores. Y Marina se puso unos pantalones negros y una blusa blanca con algunas mariposas de colores.

Todos estuvieron en la exposición atentos a sus cuadros y espectadores, y resolviendo preguntas de algunos de ellos sobre sus cuadros. La exposición tuvo un gran éxito ya que no paró de entrar y salir gente en todo en día, incluidos algunos de los mejores críticos de arte.
Al acabar el día la galería cerró sus puertas, y cuando todos estaban listos para recoger sus cuadros, llegó el profesor y les dijo:
- Chicos no nos vamos a llevar los cuadros.
- ¿Por qué no? - Le preguntó Carina, una alumna.- Si son nuestros.
- Los directores me han preguntado si podríamos dejarlos dos semanas.- Le respondió.- Y yo le he dicho que sí. Aunque si alguno tiene inconveniente puede llevarse el suyo.

Ninguno de ellos recogió su cuadro ya que todos estuvieron de acuerdo en dejarlos en la exposición, de esta manera todos mostrarían su arte al mundo.

Unos días después volvieron a Sevilla.
- No me puedo creer que nos hayan pedido los cuadros. - Le dijo Sofía sorprendida a sus amigas.
- Pues sí, yo tampoco me lo esperaba.- Dijo Olga.
- Nuestra primera exposición y les ha encantado.- Añadió Marina riéndose.
- Ya ves.
- Ahora sí que somos artistas.

Sofía y sus compañeros hicieron las prácticas unos meses después. Acabadas estas prácticas se graduaron y la universidad les propuso a algunas de ellas unos contratos de trabajo.

- Chicos y chicas, la semana que viene empezarán las entrevistas para exponer en las galerías.- Les avisó el profesor.- Los que estéis interesados debéis entregarme vuestro currículum durante esta semana. Yo se los haré llegar y ya, os harán las entrevistas y a lo mejor os pedirán alguna obra más.
- ¿Las entrevistas serán en la universidad?- Preguntó Julián.
- Sí, yo os diré el horario porque no creo que sea en horas de clase.

-¿Lo vais a hacer?- Les preguntó Olga a Sofía y a Marina.
- Yo sí.- Respondió Sofía.- Pero no sé qué pintar.
- Yo también voy a presentarme,- respondió Marina,- aunque primero tenemos que pasar las entrevistas.
- Es verdad.

Marina y Sofía estuvieron repasando apuntes por si les preguntaban algo de historia o técnicas.
Se presentaron a las entrevistas, hicieron los exámenes del último cuatrimestre y se graduaron.

- ¡Al fin hemos terminado la carrera! - Dijo Sofía al terminar la graduación.
- Sí, ya somos artistas como dice Olga. - Añadió Marina.
Todas empezaron a reírse.
El decano las fue llamando una a una y les fue poniendo la beca a todos los alumnos, después de eso bajaron, estuvieron con sus familias y se fueron a cenar todos juntos con los profesores.

Al día siguiente Sofía quedó con Iker.
- Hola artista.- Le dijo Iker al verla.
- Hola. - Le respondió Sofía besándolo.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- No sé, buscar trabajo de esto.- Le respondió.- O buscar otra cosa y esperarme a que salgan oposiciones.
- Pero ¿a ti qué te gustaría?
- Que me cogieran como ilustradora en alguna imprenta.

Los días pasaron y Sofía siguió buscando trabajo y haciendo dibujos y bocetos.
Un día subió a casa y recogió el correo, había una carta para ella de la galería " Max Estrella " de Madrid. La abrió y la leyó:

    Señorita Sofía Gutiérrez Gómez, hemos podido contemplar su obra " El atardecer de otoño "  
    en la galería de arte contemporáneo " Birimbao " de Sevilla.

    Nos ha llamado mucho la atención su estilo y la combinación de colores utilizados, además
    de la temática elegida para el cuadro, ya que es algo que pocas veces se ve representado
    por su gran dificultad y su nivel de abstracción. 

   Por todo ello nos gustaría mucho conocerla a través de una entrevista personal en la propia 
   galería. Aquí le esperará la junta directiva y los patrocinadores de dicha galería.

   Nos complacería, también, que acudiera acompañada de algunas de sus obras para poder 
   contemplar más de su repertorio y así analizar mejor su estilo con el fin de comprobar si 
   sería de interés para nuestros visitantes habituales. 

   Además, de esta manera podremos saber si se centra en un estilo o temática o si es usted más
   divergente en cuanto a las técnicas, temáticas, gama de colores,...etc.

   Nos sería de gran utilidad que se pusiera en contacto con nosotros, ya sea por correspondencia
   o por llamada telefónica, tanto para confirmar la entrevista como para rechazarla.

                                                                               Le saluda atentamente,
                                                               Alberto de Juan, director de Max Estrella.

-¿Has oído eso mamá? - Le preguntó emocionada al terminar de leer la carta en voz alta.- ¡Quieren que exponga en Madrid!
- Y tu ¿qué quieres hacer? - Le preguntó su madre.
- Pues...sí, claro que sí.- Le respondió aún eufórica.- Pero no sé que exponer, no sé sobre qué pintar.-Dijo pensando.- Estoy en blanco.
- A ver, tendrás que darles una respuesta y ya ellos te dirán si quieren algo en concreto o si tienes que hacer lo que tu quieras.- Le explicó su madre.
- ¿Tu crees?
- A ver, déjame leerlo.- Le pidió su madre tendiendo la mano. Cogió la carta y la releyó en su interior.- Bueno, dicen que esperan tu respuesta, si quieres hacerlo ponte en contacto con ellos y ya ellos que te digan lo que quieren.- Le propuso su madre.-Y en base a lo que te pidan, ya decides. ¿No?
- Sí. Es una buena idea.- Respondió pensando.

Sofía e Iker quedaron esa misma tarde en casa de Iker.
- Hola mi pequeña.- Le dijo Iker besándola. La abrazó y Sofía la besó también.
- ¿Qué tal?
- Bien.
- Me han mandado una carta para exponer en Madrid.- Le dijo.
- Qué bien, ¿no?
- Sí.
- ¿Cuándo te vas?
- Aún tengo que mandarles una carta para responderles.- Le respondió.
- Querrás decir para confirmarlo, ¿no?
- Iker...yo quiero exponer...y no hablo solo de Madrid.- Le dijo sin saber cómo explicárselo.- Si me propusieran exponer en otra parte de España o del mundo...me gustaría decirles que sí. No sé si sabes a lo que me refiero.
- Sí, te entiendo.- Le respondió.- He pensado en eso. Yo...bueno, tu estás empezando y te van a salir muchas oportunidades, sería muy injusto que renunciaras a ellas porque te las mereces, y yo también tengo mi carrera...- Le explicó pensando en voz alta.- Si te vas no voy a poder seguirte...Yo te quiero mucho pero,...
- Nuestros caminos ya no son compatibles.- Dijo Sofía terminando la frase por él.
- Sí.
Sofía se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.
- Lo siento Iker, te deseo lo mejor.
- Lo mismo te digo,- le dijo él y le dio un beso en la mejilla.- Mucha suerte en Madrid, ya verás como después de eso te sale otra cosa...Acabarás en los libros de arte.- Le dijo riéndose.

Ella rió también y se despidieron.
Sofía le mandó una carta al director de la galería de Madrid.

     Estimado Alberto de Juan le escribo en respuesta de su carta.
     Me enorgullece saber que se han fijado en mi obra, y aún más el saber que desean
     exponer mis cuadros en su galería, ya que ésta goza de gran prestigio.

     Me gustaría mucho acudir a esa entrevista de la que habla en su misiva, y así mostrarle
     mis conocimientos sobre el mundo del arte, y por supuesto mis últimos cuadros.
     Creo que es una gran oportunidad la que me están brindando y me gustaría, también,
     que volvieran a ponerse en contacto conmigo para poder concertar la entrevista de la que 
     hablan en su misiva.

     Además, me gustaría comentar con ustedes los detalles sobre la exposición ya que no sé qué
     es lo que esperan de mí exactamente y no me gustaría decepcionarles.

     Les agradezco mucho la oportunidad que me han brindado.
     Espero noticias suyas.

                                                                                Le saluda cordialmente,
                                                                                  Sofía Gutiérrez Gómez

Sofía recibió otra misiva de Don Alberto de Juan en la que concertaba una cita con ella.
La reunión resultó satisfactoria para ambos y Sofía expuso en Madrid dos semanas después, con una colección completamente nueva.

Los siguientes años los pasó creando nuevas colecciones y exponiéndolas por toda España y algunos países de Europa.
Ocho años después, su éxito empezó a decaer, y finalmente, volvió a Sevilla, donde se estableció dando clases de pintura en un pequeño taller.

Iker y Sofía volvieron a encontrarse en Sevilla.
- ¿Iker?- Le preguntó Sofía acercándose a él.
- ¡Sofi!- Le dijo él.- Cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo te va?
- Bien.
- Creía que seguías en Madrid.
- No, estuve exponiendo por España pero los últimos dos años la cosa empezó a decaer...- Le explicó.- Y volví, ahora estoy dando clases de pintura aquí.
- Qué bien.
- Y ¿tu qué?
- Papá mira como me tiro por el tobogán.- Le dijo una niña a Iker mientras se acercaba a él.
La niña se alejó.
- Tres años después conocí a una chica, Ana, y  hace dos años tuvimos a Alejandra.- Le explicó Iker.- Yo quería esperarte pero...Llegó Ana y volví a sentir algo y...La verdad es que no me arrepiento.
- No,- le dijo ella negando con la cabeza,- no contaba con que me esperaras. Además nosotros no nos dimos un tiempo, cortamos.- le recordó.- Cortamos de mutuo acuerdo, y han pasado muchos años.
- Sí.
- ¿Te va bien?- Le preguntó Sofía a él.
- Sí, estoy trabajando en un bufete de abogados.
- Eso suena genial.
- Sí, me va muy bien.
- Me alegro.- Le dijo ella sonriendo.- De verdad.

Sofía siguió su camino y siguieron en contacto.

sábado, 16 de enero de 2016

La gran nevada

Susi, Luna y Mía habían ido al centro comercial para realizar las últimas compras de navidad.
- Pasamos primero por el Primark. - Dijo Susi.
- Vale, pero luego vamos al Bershka,- dijo Luna - quiero mirarme unos pantalones.
- Necesito un chaquetón, - dijo Susi mientras caminaban por el centro comercial. - Está haciendo mucho frío este invierno.
- La verdad es que está haciendo demasiado frío, - añadió Mía. - Yo no recuerdo unas temperaturas tan bajas.
- Ni yo.- Dijo Luna mientras entraban al Primark.
- Cuánta gente.- Dijo Mía.
- Sí, - afirmó Susi, - creo que están por allí. - Dijo refiriéndose a los chaquetones mientras miraba hacia un lado de la tienda.
- Vamos. - Les animó Luna.
Llegaron a la zona de los chaquetones y Susi cogió uno rojo con capucha largo hasta las rodillas.
- ¿Os gusta éste? - Les preguntó a sus amigas.
- Es bonito.- Respondió Luna.
- Sí. - Afirmó Mía.- Mira ese azul,- le dijo señalando otro chaquetón azul oscuro.
Susi se volvió para mirarlo.
- Es bonito, - le dijo mientras se acercaba para tocarlo.- Lleva pelo por dentro, - dijo ilusionada - me gusta más éste.
- Parece bueno. - Dijo Luna tocándolo también.
Susi alargó la mano buscando la etiqueta.
- No es caro.- Concluyó. - Voy a probármelo.
Susi se quitó el chaquetón rojo y lo dejó encima de un perchero. Descolgó el chaquetón azul y se lo probó.
- Es más calentito.
- Y más suave. - Añadió Luna tocándolo.
- Te queda muy bien.- Dijo Mía.
- Pues venga, me lo llevo.- Concluyó Susi.
Las tres fueron a la caja y Susi pagó su chaquetón.
-¿Vamos al Bershka? - Preguntó Luna.
- Venga.
Las tres  entraron en la tienda y Luna fue a buscar sus pantalones.
- Pero, ¿quieres unos pantalones de vestir o unos vaqueros? - Le preguntó Mía.
- En realidad quiero unos de chándal que lleven bolsillos, - le respondió.- De esos que son un poco anchos, y si pueden ser negros mejor.
Las tres se movieron por la tienda buscando los pantalones para Luna.
- ¿Qué talla usas?-Le preguntó Mía a Luna.
- La treinta y cuatro.
- Mira, ¿te gustan éstos? - Le preguntó Susi a Luna mostrándole unos negros de algodón.
- Sí...,- le dijo poco convincente,- es que buscaba algo que no fuera de algodón. Porque en éstos enseguida se te pegan las pelusillas.
- Sí, eso sí.
Las chicas siguieron buscando y Luna encontró unos más finos.
- Éstos mejor, -dijo - voy a probármelos.-Luna se los probó, y la verdad es que le estaban mejor.- Me los llevo.- Confirmó.
Fueron a la caja, lo pagó y salieron.
- ¿Tu quieres algo?- Le preguntó Luna a Mía.
- Sí, - le respondió - unos deportivos. ¿Sabéis dónde está el Decathlon?
- Creo que está por allí, - respondió Susi indicando un punto con la mano, - cerca de Springfield.
Las tres siguieron esa dirección y llegaron hasta la tienda.
- ¿Qué número usas?- Le preguntó Susi.
- Un treinta y siete.
Mía se probó varios modelos, estaba indecisa entre unos negros transpirables y unos azules claro.
- ¿Cuál os gusta más?- Le preguntó a sus amigas.
- Los negros te pegan con todo.- Destacó Susi.
- Además son más limpios, - añadió Luna,- yo me quedaría con los negros.
- Sí, ¿verdad? - Les dijo Mía. - Son menos cochinos.
Mía se puso sus zapatos y dejó los azules donde estaban. Cogió los negros y se fueron a la caja. Mía pagó y salieron.
- ¿Queréis ver algo más? - Preguntó Susi.
- No.- Respondió Luna.
- No, - respondió Mía - yo solo venía a por los depor.
- Podríamos tomarnos algo antes de irnos.- Sugirió Luna mientras caminaban.
- Sí, - dijo Mía, - que ahora hace más frío.

Las tres se dirigieron a una cafetería que había cerca, y se sentaron dentro. Dejaron las bolsas en una silla y se quitaron los chaquetones.
- Aquí se está más calentita. - Dijo Luna.
- Sí que se nota la diferencia, sí. - Afirmó Mía.
- Buenas tardes, ¿qué van a tomar?- Les preguntó un camarero.
- Buenas, para mí un bombón descafeinado.- Pidió Luna.
- Un chocolate caliente.- Pidió Mía.
- Y un café con leche descafeinado, por favor.- Pidió Susi.
El camarero anotó los cafés y el chocolate, y se alejó hacia la barra. Poco después los llevó a la mesa.
Mientras se tomaban los cafés y el chocolate empezó a nevar.
- Mirar está nevando. - Dijo Susi mirando por la ventana.
- Vaya...- Dijo Mía sorprendida.- Ya sabía yo que estaba haciendo más frío que el año pasado.
- Es verdad.- Dijo Luna.- Menos mal que nos hemos puesto dentro.
- Sí.
- Parece que está cayendo cada vez más nieve. - Dijo Susi.
La nieve caía cada vez más deprisa y con más intensidad.

Unos clientes se levantaron de su mesa y se dirigieron hacia la puerta, pero no pudieron abrirla. Lo intentaron varias veces, y un camarero, al verlos, salió de la barra para ayudarles.
- Está atascada.- Dijo mientras lo intentaba.
Los clientes empezaron a levantarse y los más fuertes se dirigieron hacia la puerta para ayudar.
- No puedo. - Dijo otro intentándolo.
Susi, Luna y Mía se acercaron a ellos para ver si alguien conseguía abrir la puerta, pero por más que lo intentaron, no pudieron.

La dueña del bar llamó a los bomberos para avisarles de que se habían quedado atrapados, como consecuencia de la nevada. Los bomberos acudieron veinte minutos después acompañados de una máquina quitanieves. La máquina hizo su trabajo y quitó la nieve de la puerta.
La dueña del bar intentó abrir la puerta pero no pudo porque la nieve que había quedado pegada a la puerta había cristalizado y ahora era una densa capa de hielo, difícil de romper.
La máquina intentó romper el hielo pero no pudo y tuvieron que recurrir a otro plan.
Los bomberos buscaron algo metálico con lo que romper el hielo y utilizaron un palo que les prestó una dependienta, que lo usaba para bajar la persiana de su tienda al cerrar. Con este palo pudieron romper el hielo de la puerta y escarbar debajo para quitar los restos y facilitar su apertura.
Al terminar, la jefa consiguió abrir la puerta del bar y los clientes, incluidas Mía, Luna y Susi, pudieron salir.

sábado, 12 de diciembre de 2015

El verdadero espíritu de la navidad

Tano e Inés eran un matrimonio que tenía dos hijos: Beltrán e Irene. Tano era un hombre de treinta y cinco años que había tenido que emigrar a Alemania para buscar trabajo, y llevaba allí año y medio.
Inés trabajaba cosiendo en un pequeño taller particular, su mayoría de clientes eran vecinos de su mismo barrio y de algunos alrededores. Beltrán era un niño de seis años e Irene, una pequeña de dos años.

Inés y los niños hablaban todas las noches con Tano por Skype:
- Hola papá. - Le saludó Beltrán con la mano.
- Hola cariño, ¿qué tal? - Le respondió su padre.
- Bien, la semana que viene acabo el cole. - Le respondió contento.
- ¿Sí? - Le preguntó su padre animado.- ¿Tienes ganas?
- Sí.- Le respondió él animado.- Papi, ¿cuándo vas a venir?
- Dentro de unas semanas cariño.
- Papá.- Lo llamó Irene, tocando la pantalla del ordenador con sus manitas.
- Hola cariño.- Le dijo él.
- Papá.- Repitió la niña dándole golpes a la pantalla.
- No está ahí Irene, - Le dijo su madre.- Es una pantalla, no está dentro.
- Papá.- Le dijo ella mirándolo un poco triste.
- No pasa nada mi amor.- Le dijo él.- Vamos a vernos pronto cariño, vamos a tener mucho tiempo para abrazarnos.
- Claro, si va a venir dentro de poco.- Le explicó Inés abrazándola y sonriéndole.


Al día siguiente Inés se levantó temprano, arregló a los niños y se fue a trabajar.
- Mamá, ¿me vas a llevar tu al colegio? - Le preguntó Beltrán a Inés.
- No cariño, va a venir Laura a llevarte y a quedarse con Irene.- Le explicó.- Yo tengo que irme a trabajar.
Laura llegó e Inés se fue.
- Adiós cariño,- le dijo a Beltrán mientras salía por la puerta contestando a una llamada.- Sí, estoy saliendo,...Diez minutos, tranquilo,...Voy de camino.
- ¿Estás listo?- Le preguntó Laura a Beltrán mientras colocaba a Inés en su silleta.
- Sí.
Laura cogió el carro de Irene y Beltrán se agarró a él.
- ¿Qué le vas a pedir a los reyes? - Le preguntó Laura a Beltrán.
- Un camión.-  Le respondió él.- Y también quiero que venga mi papá.
- ¿No tiene vacaciones?
- Sí, ayer me dijo que iba a venir.
- Qué bien, ¿no?
- Sí, tengo muchas ganas de verlo.

Esa tarde Inés salió de trabajar y fue a recoger a Beltrán del colegio.
- Hola mamá.- Le dijo él contento.
- Hola.- Le respondió ella abrazándolo.- ¿Quieres ir al parque?
- Sí.- Le respondió el sonriendo.- ¿Sabes qué he hecho esta tarde?
- No, dime.
- Hemos hecho muñecos de nieve con algodón, y...- Le empezó a contar Beltrán entusiasmado cuando sonó el teléfono de su madre.
- Espera un momento cariño,- le cortó cogiendo el teléfono.- Dime...No, a mí me dijo para el sábado...Y ¿ahora qué?...Vale, vale. Estoy allí en diez minutos.- Inés colgó el teléfono.- Lo siento cariño hemos tenido un problema en el taller y me tengo que ir, no podemos ir al parque.
- Mamá...- Empezó a decirle Beltrán retomando la conversación.
- Espera cariño.- Inés llamó a Laura.- ¿Laura?...Hola, soy Inés, es que he tenido un problema en el taller y tengo que irme, ¿podrías quedarte con Beltrán y con Irene esta tarde?...Gracias,...Pues acabo de recogerlos del colegio, ¿los llevo a mi casa?...Vale, pues estamos allí en cinco minutos, gracias.
- ¿A dónde vamos? - Le preguntó Beltrán.
- A casa de Laura, - le respondió Inés,- os vais a quedar en su casa mientras yo soluciono unas cosas, ¿vale?
- Vale.

Los tres fueron a casa de Laura, y los pequeños se quedaron con ella.
- Hola chicos.
- Gracias. - Le dijo Inés.
- No hay de qué.
- Adiós chicos.
- Adiós.- Le dijo Irene a su madre.
Inés se fue y Laura cerró la puerta.
- ¿Habéis merendado?
- No.- Le dijo Inés.
- Voy a haceros un bocata, ¿de qué lo queréis?
- De queso.- Le respondió Inés.
- ¿Y tu, Beltrán?
- De jamón york.
Laura les hizo la merienda y les sacó unos zumos. Las horas pasaron, Beltrán se hizo los deberes, jugaron los tres juntos,...y sonó el timbre.
- ¿Si? - Preguntó Laura por el telefonillo.
- Soy Inés.
- Te abro.- Le respondió Laura abriéndole la puerta de abajo.
Inés entró y recogió a sus hijos.
- Gracias.
- No hay de qué, adiós chicos.- Les despidió Laura.

Los tres se fueron a casa y hablaron con su padre por Skype.
- Hola.- Les dijo Tano.
- Hola papá.- Le respondió Beltrán.
- ¿Qué tal el trabajo?- Le preguntó Inés.
- Bueno...Ahí va.- Le respondió, - ¿y el tuyo?
- Bien.
- Te echamos de menos.
- Y yo a vosotros, mucho.- Le respondió.
- ¿Qué día vuelves?- Le volvió a preguntar Inés.
- Dentro de dos semanas, el viernes.

Los días pasaron y a la semana siguiente...Tano fue despedido.
- Gehen Weihnachtsgeschenk - "Vaya regalo de navidad" le dijo Bergen.
- I tell ya - "Ya te digo", le respondió Tano.- Zu sehen, wie ich meine Frau zu sagen. - "A ver cómo se lo digo a mi mujer".
- Sie sind nach Spanien dieses Weihnachten geht? - "¿Vas a ir a España estas navidades?" le preguntó.
- Ja, ich habe den Wunsch, sie zu sehen.- "Sí, tengo unas ganas de verlos" le respondió Tano.
-Wie lange haben Sie sie nicht sehen?- "¿Cuánto tiempo llevas sin verlos?.
- Vierteljahr. - "Tres meses".
- Das ist eine lange Zeit,- "Eso es mucho tiempo."
- Ja. - "Sí."


Tano buscó trabajo desde el mismo día en que fue despedido hasta el día en que cogió el avión hacia España, con la intención de encontrar algo antes de volver, pero no encontró nada.
- Mein Flugzeug verlässt heute Abend. - "Esta noche sale mi avión" les dijo a Kay y a Lear.
- Zu welcher Zeit? - "¿A qué hora?" le preguntó Lear.
- Um elf. - " A las once" les respondió.
Esa noche, después de cenar, cogió el avión.
- Lebewohl. - "Adiós" le dijo Lear.
- Gute Fahrt - "Buen viaje" le deseó Kay.
- Dank, lebewohl. -"Gracias, adiós" les respondió Tano.

Antes de subir le mandó un whatssapp a Inés:
"Voy a subir al avión, nos vemos dentro de tres horas", " os quiero".
Apagó el móvil y subió al avión.

El avión aterrizó en Madrid, recogió su maleta y fue a buscar a su familia al llegar.
- ¡Tano! - Lo llamó Inés.
Tano se giró, fue corriendo hacia ellos, y les dio un fuerte abrazo.
- Papá.- Le dijo Beltrán abrazándolo.
- Hola cariños, - les dijo a sus hijos mientras los besaba.- ¡Qué grandes estáis! 
Tano recogió su maleta, tomó a Irene y se fueron los cuatro a casa.

Al llegar deshicieron las maletas. Tano bañó a sus hijos, mientras, Inés hizo la cena. Al acabar se ducharon ellos y los pequeños pusieron la mesa.
Terminaron de cenar, Tano jugó con sus hijos, quitaron la mesa, vieron la tele y los pequeños se quedaron dormidos en el sofá.
Él los llevó a la cama y los arropó mientras Inés abría la suya.
- Cómo te he echado de menos.- Le dijo Tano abrazándola y besándola por el cuello.
- Y yo a ti.- Le dijo ella besándolo.- ¿Qué te pasa?- Le preguntó Inés un poco extrañada.
Tano no sabía cómo decírselo.
- Dímelo.- Le pidió mientras le acariciaba el pecho.
- Se me ha acabado el contrato y no me han renovado.- Le dijo. Inés hundió la cabeza en su pecho.- Dicen que no hay faena, que no nos pueden mantener a todos, y los últimos...nos vamos a la calle. He buscado otra cosa por allí pero...
- ¿Por qué no me lo has dicho?
- Porque pensaba que encontraría algo antes de venir.- Le explicó.- No pasa nada, buscaré algo aquí.
- Vale,- le dijo intentado tranquilizarse.- No pasa nada, vamos a dormir.

Tano siguió buscando trabajo pero no encontró. El tema solía salir en las conversaciones de navidad y 
ellos siempre acababan enfadados.

Los cumpleaños de Beltrán e Irene eran el veintiuno de diciembre y ocho enero.
- No podemos permitírnoslo, ¿verdad?
- No.- Le respondió Tano.-Tal y como están las cosas...-Negó con la cabeza.-No.
- ¿Y la hipoteca? 
- Con el paro y tu sueldo podemos llegar a fin de mes pero ajustándonos mucho el cinturón. - Le explicó. 
- Pero en estas fechas no hay casi trabajo,- le explicó Inés. - Lo más cercano son las vestas de semana santa y aún no es temporada de hacerlas.

El cumpleaños de Beltrán pasó, y no tuvo regalos. Inés y Tano empezaron a tener discusiones que pasaron a ser muy habituales.
- Llevas varios meses así. - Le recordó Inés. 
- Llevo varios meses buscando trabajo, por ahí, en los periódicos,...- Le recordó. - Lo sabes, si no encuentro no es culpa mía. - Le dijo levantando un poco la voz. 
- No me grites. - Le respondió Inés. 
- No te estoy gritando.- Le dijo un poco alterado.- Estoy buscando trabajo, esta situación no me gusta, no estamos así porque yo quiera.
- ¿Qué quieres decir? ¡¿Que la culpa es mía?!
- ¡Yo no he dicho eso!- Le respondió ella.- ¡Y no me grites!
- ¡No te estoy gritando! 
- Sí lo estás haciendo. 

Año nuevo llegó y con él, el cumpleaños de Irene.
- Lo siento cariño, no tenemos regalo para ti tampoco. - Le dijo Tano. 
- Yo no quiero regalos papá. - Le dijo mientras Inés se acercaba con Beltrán en brazos. - Mi regalo es que estás aquí. Os habéis pasado todas las navidades discutiendo por el trabajo, y no os habéis dado cuenta de que hemos pasado tres meses sin vernos - les recordó.
Tano e Inés se miraron.
- Hace meses que no me besas.- Le recordó Inés. - No tenía que haberme enfadado contigo. Llevas razón, no es culpa tuya.
- Yo tampoco lo he hecho bien, - reconoció Tano. - He estado un poco irritable estos días, lo siento.
Ambos se abrazaron y se besaron.
- Te quiero.- Le dijo Inés al oído. 

Los cumpleaños pasaron y la navidad con ellos. Inés y Tano habían olvidado lo más importante de esas fechas: La familia.
Habían olvidado que la navidad y los cumpleaños no son comilonas, ni cenas, ni regalos. No es decorar el árbol más bonito ni el belén más grande ni los mejores regalos en los cumpleaños, sino compartir con la familia.